Pareidolia: La llave de la imaginación

Un espectáculo repleto de figuras, formas y rostros que sorprenden, hacen reflexionar y colman la sala de risotadas y emociones en un teatro donde el lenguaje no verbal se despliega y ocupa cada espacio, incluso más allá del escenario.

Pareidolia: La llave de la imaginación

Autor: Sebastian Saá

Este comentario teatral quizás llega a destiempo, ya que «Pareidolia» acaba de finalizar su exitosa temporada en el Centro Gam. Sin embargo su preciosa puesta en escena y las tremendas carcajadas que genera en el público, sin duda ameritan estas palabras para poner el foco en la compañía «La llave maestra» y su entretenida obra para las infancias y adulteces.

Tal como anunció el domingo pasado su directora, actriz y dramaturga Edurne Rankin al terminar la última función de la temporada en el Gam frente a una sala repleta que aclamó la presentación, Pareidolia tendrá una función más en otra sala de Santiago. Además, la compañía presentará su obra «El carnaval de los animales» desde el 24 de abril en M100 .

Pareidolia

La palabra pareidolia, que le da nombre a la obra teatral en cuestión, proviene del griego eidolon, que significa figura o imagen, y para, que significa semejante a, vale decir semejante a la figura, o algo así. La pareidolia es un fenómeno psicológico bastante común que consiste en reconocer rostros o formas en paisajes, objetos, diversos elementos o nubes. Este proceso pone en evidencia la fascinante capacidad cerebral de procesar la información visual del entorno y utilizarla. Es un acto reflejo, se produce de forma involuntaria. En términos biológicos, este mecanismo de reconocimiento sucede en el área fusiforme facial de la corteza cerebral temporal y curiosamente según se sabe, ocurre también en otros animales más allá de los homínidos. 

Este suceso es incorporado por la compañía “La llave maestra” para crear un espectáculo repleto de figuras, formas y rostros que sorprenden, hacen reflexionar y colman la sala de risotadas y emociones en un teatro donde el lenguaje no verbal se despliega y ocupa cada espacio, incluso más allá del escenario. Anunciado como un espectáculo familiar, acudí con mi familia a esta última función para que nuestro hijo e hija de 9 y 8 años respectivamente, pudiesen disfrutar de la magia del teatro con esta recomendada obra que ya se ha presentado en países como Venezuela, Colombia, Argentina, Panamá, España, Brasil y Bolivia.

Lo primero que nos llamó la atención fue la gran cantidad de personas que hacían fila para ingresar al teatro. Vaticinando lo que se venía, reparamos en cómo la hilera humana se enrollaba dando forma a un caracol en el hall de acceso a la sala A2 del Gam, en un efecto pareidólico. Una vez en la sala, notamos que había gran cantidad de infancias, algunas de tan solo 3 años y más. La expectación que se oía en el agudo murmurar presagiaba una función interactiva.

¿Pero qué es La llave maestra?

“La llave maestra” se presenta como una compañía de teatro visual y de objetos, que desarrolla “un lenguaje sorprendente y sugerente en torno a la materialidad y su relación escénica con el cuerpo y el gesto como un vehículo de creación de poesía visual en movimiento”. Esta compañía Ibérico chilena, que cumple 15 años de historia, utiliza el juego en la escena y concede un protagonismo especial a los objetos que danzan entre los actores y actrices, creando imágenes poéticas y graciosas. 

Este colectivo fundado en Pamplona, España en el año 2010 y radicado en Chile a partir del 2013 “nace de la necesidad irremediable e inexplicable de jugar y de volver a sorprendernos con nuestro entorno y así, volver a «ver» y «observar» la realidad desde nuevos ángulos. Al cambiar nuestra mirada, cambia nuestra percepción de la realidad y por ende cambia nuestro sentido de lo real, abriendo lo cotidiano hacia un mundo de posibilidades creativas, poéticas y llenas de nuevos significados que han estado siempre a nuestro lado pero que no logramos «ver» ni percibir”. Declara en su sitio web La llave maestra.

Comenzó el espectáculo con el mensaje de voz de una pequeña niña que dio la bienvenida e invitó a apagar los celulares (no sonó ninguno en toda la función). Luego la magia de la luz y las formas abstractas se hacen presentes. Miro hacia el lado y veo a mi hija boquiabierta y asombrada, volteo hacia atrás y la imagen se repite. Observamos atentos lo que sería la presentación de una secuencia de cuadros que captan la atención y estimulan la imaginación de todo el público.

De la expectación pasamos rápidamente a las risas estruendosas de menores y mayores que gozan con las primeras cabezas y semblantes que se asoman o el exagerado histrionismo del joven actor Diego Acuña en el cuadro de los abrigos. Una escena de clown extraordinariamente bien interpretada y avalada por las carcajadas que se hicieron sentir fuerte en el teatro. Desde ahí notamos que el diseño de vestuario de la ibérica Edurne Rankin jugaba un rol fundamental en la puesta en escena. Posteriormente Juan Pablo Neira se viste de un elegante vendedor ambulante para junto a sus colegas, enternecer a todos y todas con los cachorros de bolsa matutera. Haciéndonos imaginar tiernos perritos únicamente con el movimiento corporal. Luego el personaje interpretado por Marcela Burgos nos presenta una escena de rabia y desahogo al expulsar los nudos de su garganta para enredar a su pretendiente. El alivio y liviandad que expresa al concluir esta acción sacó grandes suspiros en buena cantidad de butacas, cuyos ocupantes también se sintieron aliviados al verla salir a brincos del escenario.

Mamás y papás ríen a la par de niñas y niños cuando aparece una hermosa avestruz ejecutada por Magdalena Lecaros y sus compañeros y compañeras de tablas. Con su cuello de brazo desnudo, cabeza de mano, piernas de mujer y cuerpo de pompón, se mueve ágilmente por el escenario para encontrar a su semejante frente a frente. Luego son tres, cuatro y cinco avestruces en escena que entretienen a la audiencia con sus movimientos de danza zigzagueantes. Los efectos especiales análogos con el uso de elementos, música y luces hacen magia en los rostros del público con figuras como la del brazo interminable. El codirector de la obra, Álvaro Morales, se luce con un efectivo diseño de luces. Edurne se viste de una singular cantante de los años cincuenta con sendo tacón en su cabeza y un gran vozarrón entre sus piernas. La emoción chorrea en el cuadro que repasa la vida de una mujer desde la puericia hasta la muerte de forma ilustrativa y dramática, haciéndonos pensar en el sentido de la vida.

En «Pareidolia» el vestuario es más que un elemento importante del diseño teatral. Son varios los personajes de la obra que están en efecto creados de telas y prendas, ropajes cosidos y mal puestos que de una forma dibujan un rostro y de otra un animal, imágenes que se roban la atención de quienes asisten a la representación. La obra nos muestra un teatro físico, visual y onírico que destaca por la enérgica interpretación de los cinco actores y actrices que juegan sobre las tablas en una secuencia de cuadros, haciéndonos imaginar mundos posibles durante más de una hora y sin duda también después de caído el telón.

Con elementos circenses, «Pareidolia» se muestra como una varieté, una sucesión de actos interpretados a veces por un solo personaje, otras por dos, tres o el elenco completo que se entremezcla entre cuestiones de plástico y de género, humanos, animales y rostros geniales creados con elementos tan sencillos como una bolsa o un par de abrigos. La obra nos hace reflexionar entre risas sobre el duro peso de las emociones, su liberación y expresiones, así como sobre los derechos animales y su relación con la humanidad e incluso sobre el paso de los años y nuestras historias de vida. Con un diseño de luces especialmente creado para imaginar multiplicidad de formas en los objetos y un sonido que acompaña la inventiva cerebral en cada acto, «Pareidolia» no requiere de la lengua hablada. Es una obra cosida con el lenguaje universal del cuerpo y el gesto, un espectáculo teatral imperdible para grandes chicas y chicos grandes. Tras el último cuadro una ovación de aplauzos y vítores emocionan a los actores y actrices que agradecen felices la acogida. A la salida de la sala, el comentario obligado versaba sobre cuál es el personaje que más te gustó. Me da la impresión que hay un rotundo empate transversal.

Por Sebastián Saá

*En abril la compañía montará la obra “El carnaval de los animales” en una temporada para prestar atención en Matucana 100.

+info: «La llave maestra»

Codirección artística y diseño de iluminación: Álvaro Morales Lifschitz.
Codirección artística, actuación y diseño de vestuario: Edurne Rankin García.
Intérpretes: Marcela Burgos Valdés, Magdalena Lecaros Saitua, Diego Acuña Gómez y Juan Pablo Neira León.
Composición musical: Gorka Pastor.
Realización escenográfica: Eduardo Jiménez y Odile Poithier.
Fotos: Michael Galvez, Christian Cornejo y Andrés Olivares.



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