La Ley General de Partidos Políticos establece que al año siguiente de la elección presidencial se abre el proceso para el registro de nuevos partidos. Al cierre de la convocatoria emitida por el Instituto Nacional Electoral, 89 agrupaciones notificaron su intención de participar. Hace cinco años solo hubo 7. En los próximos días se conocerá cuántas y quiénes resultaron procedentes y a partir de ese momento tendrán casi un año para cumplir con los requisitos, los cuales, por cierto, no son nada sencillos.
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Por un lado, deberán realizar un mínimo de 20 Asambleas Estatales con una asistencia de al menos 3,000 personas afiliadas, o en su caso, 200 Asambleas Distritales con 300 afiliados. Paralelamente deberán acreditar la afiliación de 256,030 ciudadanos hasta el 27 de febrero de 2026. Las agrupaciones que cumplan estos requisitos podrán solicitar ente el INE su registro como partido político. Y ahí viene el meollo del asunto. El INE verificará que todos los afiliados estén vigentes en el padrón electoral y que exista doble afiliación. En el caso de que una persona aparezca registrada en dos o más agrupaciones se dará por válida la última decisión del ciudadano de acuerdo a la fecha en que se levantó el registro.
Dicho de otro modo, las 89 agrupaciones van a la “caza” de 22,786,670 de ciudadanos mexicanos para afiliarlos y obtener su registro. Si a eso le agregamos que los actuales partidos suman 3 millones 400 mil afiliados y que Morena ya inició una campaña para afiliar otros 10 millones de protagonistas del cambio verdadero a lo largo de todo el 2025, pues se antoja que va a estar más que imposible que todos alcancen su objetivo.
Para la inmensa mayoría de estas 89 agrupaciones el principal aliciente no es obtener el registro para disputar seriamente la conquista del poder. No. Lo que las motiva es tener parte de los recursos públicos que se distribuyen entre los partidos a través de la figura de prerrogativas. Una bolsa que crece año con año, aunque no haya elecciones y que, para este, es del orden de 7 mil millones de pesos a nivel federal y una cantidad igual de prerrogativas estatales.
En números redondos, el PAN recibirá 2,400 millones; el PRI 1,800 millones, PT 1,200 millones, Verde 1,500 millones, MC 1,800 millones y Morena 4,800 millones. Nada mal. Partidos han ido y venido, una gran cantidad solo participan en una elección y se van. Entre otras cosas porque sus “dirigentes”, en realidad vividores de la política, los ven como negocios electorales y no como proyectos políticos. Son de tal pobreza ideológica que nunca nos enteramos de las causas representan, o si representan. Son tan innecesarios socialmente que el día que pierden el registro nadie los extraña.
Entre estas 89 agrupaciones hay de todo. Podemos agruparlos en tres bloques. Los de la derecha y ultra derecha, que para el caso es lo mismo. Los une el odio contra Andrés Manuel López Obrador y morena. Vienen cargando las derrotas del 18 y del 24. Entre ellos Emilio Álvarez Icaza, Beatriz Pagés Llergo, Acosta Naranjo, Jesús Zambrano, Xóchitl Gálvez, Eduardo Verástegui, Juan Iván Peña Nader, Edmundo Jacobo, Gustavo Madero, Cecilia Soto, Ulises Ruiz y otros más. No van juntos ni revueltos.
Un segundo bloque, de organismos diversos que lo mismo dicen representar causas indígenas, ambientales, de derechos humanos, campesinas, de la diversidad, muchos de ellos son actualmente asociaciones políticas nacionales que buscan dar el salto a primera división. Tienen nombre de lo más variado que no le dicen nada a nadie. Por ejemplo, RENACE, LIBRE, PROMERITO, Movimiento Democrático Independiente, Partido Apoyo Social, MASS x México, México Avante Unido, Ciudadanos Unido, Guía Nacional Indígena Originaria, Todo a favor del pueblo con la Democracia y la bandera de 3 colores, Partido Democracia y Libertad por México, entre otros. Es curioso, pero casi todos prefieren la vía de las asambleas estatales.
Y un tercer bloque de las izquierdas. Y aquí hay de dos sopas. Los que no están en Morena, pero se reivindican como simpatizantes de la Cuarta Transformación y representar el auténtico Obradorismo (SIC). Y los que están en morena, que incluso ocupan cargos de dirección en las estructuras del partido, o están en el poder legislativo como diputados federales, locales o senadores o, bien están en la administración pública como servidores públicos en cargos de alto nivel. Estos no odian a morena, pero buscan un registro que inevitablemente los llevará a enfrentarse a morena. Así que para ser congruentes deben renunciar al partido y a sus cargos, o deben ser expulsados por la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia. Lo que suceda primero. No se puede repicar y andar en la procesión.
Y a todo esto, ¿cuántos partidos políticos son necesarios en México? Yo pienso que no más de cinco y daré mis razones y argumentos en la próxima entrega.
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