Políticamente nadie se muere, hasta que se muere. La derecha -siempre corrupta y entreguista- no está desdibujada de México, ni del mundo. En casi todos los países con gobiernos de izquierda, la derecha política se encuentra replegada, planeando su estrategia de ataque desde los medios de comunicación y las corporaciones a las que favoreció en el pasado utilizando al Estado. Subestimar a los conservadores es un error, porque en la realidad no son tan estúpidos como sus voceros ni tan escasos como se manifiestan en público.
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Las figuras mediáticas conservadoras mienten de manera deliberada porque les pagan por ello; de ahí emergen libros, reportajes, entrevistas y montajes chafísimas -sin más alcance que unos días de tendencia en redes-, que constituyen la narrativa de la derecha, intentando desestimar el avance y los logros de la 4T y sus promotores. Repiten desesperadamente términos como “narcopresidenta”, “narcogobierno” y “narcopartido”, y responsabilizan a la 4T por la epidemia de violencia que se vive en todo el país con la consigna “basta de abrazos”, con el claro objetivo de orientar la opinión pública.
Las figuras políticas conservadoras son dominadas por el egoísmo y la corrupción -constantemente alimentada- y dedican sus esfuerzos a justificar que exista la pobreza, la violencia y la desigualdad; alejados de las prioridades de las mayorías, especialmente de los sectores más vulnerables, su deliberada desconexión con la realidad los lleva a ofrecer propuestas que no le interesan al Pueblo, como competitividad, crecimiento económico, libre empresa o la defensa de la familia tradicional, que lejos de solucionar los problemas de las mayorías, solo sirven para mantener sus privilegios de clase política parasitaria y los de la clase empresarial corrupta.
La base votante conservadora es esclava de una profunda ignorancia y de un absurdo aspiracionismo que les altera la percepción de la realidad, haciéndoles creer que pertenecen a una clase económica alta, renegando de su condición de clase obrera, aunque tengan que salir a trabajar todos los días para vivir. Desinteresados en las necesidades de los demás, concentrados en mantener sus privilegios y educados en la idea de que no todos somos iguales y de que unos deben servir a otros, los votantes conservadores luchan todos los días por evadir una realidad que no entienden pero que también los oprime mediante la inseguridad, violencia y desigualdad económica que padece la gran mayoría del Pueblo.
Tras años de práctica, los conservadores han dominado una deleznable estrategia de ataque mediático, con una sencilla fórmula: utilizando temas muy dolorosos para la sociedad los políticos pagan para que los medios fabriquen las notas que sus simpatizantes comparten, buscando generar polémica. Las notas mezclan elementos de realidad con ficción para crear caos, y la efectividad de esa estrategia es alta porque toca fibras sensibles para la sociedad derivadas de la violencia como feminicidios, desapariciones forzadas, ejecuciones extrajudiciales, corrupción e impunidad, y genera una discusión polarizante que divide opiniones de propios y extraños de la 4T, con la intención de debilitar su credibilidad.
En esta batalla mediática que se está librando en México, Morena y sus representantes populares deben ser contundentes en sus acciones y declaraciones, pues ambos constituyen la primera línea de defensa de la Patria y su responsabilidad es enorme. Ya he escrito sobre el papel activo que todas y todos debemos tener en la construcción del segundo piso de la Cuarta Transformación (https://www.elciudadano.com/columnas/carta-a-representantes-de-la-4t-como-prepararse-para-servir-al-pueblo/06/27/), para que la continuidad del proyecto Obradorista se consolide y logremos transformar la vida pública nacional y mejorar las condiciones de vida de millones de personas.
En las últimas semanas, la estrategia de ataque de los conservadores logró asestar dos golpes certeros en la opinión pública, generando un clima de polarización: el caso del espacio de entrenamiento y desaparición de personas del crimen organizado en Teuchitlán, Jalisco, y la denuncia por violación en grado de tentativa contra Cuauhtémoc Blanco, diputado federal. Ambos casos representan temas muy sensibles para la sociedad: la violencia extrema en el país y la impunidad.
Muy lejos de opinar sobre la posibilidad de que se trate de montajes, no debemos perder de vista que estos casos están construidos sobre elementos reales en la vida cotidiana de miles de personas que se identifican con ellos, y desestimar su autenticidad no abona en nada a la resolución de la crisis nacional.
Ante cualquier ataque de la derecha tenemos el deber político y moral de responder para defender al Pueblo, y al mismo tiempo, tenemos el deber de actuar asertivamente, como lo espera el Pueblo que confía en nosotros, con acciones que demuestren que la razón y la ética están de nuestro lado y que sí representamos sus intereses.
Si la derecha controla la narrativa política de México, el riesgo de que vuelva a gobernar es latente, y ya ha sucedido en demasiados países como para dudarlo; Argentina sabe bien de lo que hablo. La discusión de temas controversiales debe darse en torno a elementos verificables, contrastando versiones y evitando razonamientos emocionales que derivan en situaciones de división, pues todo lo que polariza, paraliza. Toda revolución requiere un máximo de discusión en el debate y un máximo de unidad en la acción.
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