El gobierno de Daniel Noboa parece haber adoptado una postura sumisa ante Estados Unidos, un acto que pone en duda la autonomía de Ecuador y sus intereses nacionales. En lugar de buscar soluciones internas para la creciente crisis de seguridad que azota al país, Noboa se ha alineado con la política exterior estadounidense, buscando la aprobación de Donald Trump para fortalecer su estrategia de seguridad. Esta sumisión no solo es preocupante por la dependencia de Ecuador de actores externos, sino que también resalta una clara incapacidad del gobierno para asumir el control de los desafíos internos del país.
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La reciente venta de armamento por parte de Estados Unidos, por un valor de 64 millones de dólares, no hace más que evidenciar la falta de una estrategia propia del gobierno ecuatoriano. Este acuerdo, que incluye fusiles M4A1 y otros equipos militares, es un intento de paliar la creciente violencia interna mediante soluciones externas, sin abordar las raíces profundas del problema. Es preocupante que Ecuador, en lugar de fortalecer sus propias instituciones y capacidades, dependa de la intervención militar extranjera, lo que refleja una gestión deficiente de los recursos internos y la falta de una política de seguridad coherente y sostenible.
Más allá de la compra de armas, la llegada de mercenarios de Blackwater, la controvertida empresa fundada por Erik Prince, para ofrecer asesoría y capacitación a las Fuerzas Armadas ecuatorianas, muestra la misma tendencia de externalizar la seguridad. La contratación de esta empresa, con un historial lleno de denuncias por abusos de derechos humanos, plantea serias dudas sobre las motivaciones del gobierno de Noboa. Este tipo de decisiones refleja no solo una sumisión a los intereses de EE.UU., sino también una falta de confianza en las fuerzas de seguridad locales, lo que podría tener consecuencias graves para la soberanía y los derechos de los ciudadanos ecuatorianos.
Además, la estrategia de Noboa en cuanto a seguridad parece ser una serie de parches temporales más que una solución integral a los problemas de fondo. En lugar de invertir en el fortalecimiento de la justicia, la educación y la prevención social, el gobierno se ha enfocado en soluciones militares que no abordan las causas subyacentes de la violencia. La inseguridad en Ecuador es el resultado de problemas estructurales profundos, y la dependencia de actores extranjeros como Blackwater y el apoyo militar de EE.UU. solo aplazan la necesidad urgente de reformas internas y de una verdadera política de seguridad pública.
Es alarmante que el gobierno de Noboa no se haya comprometido con una reforma integral en el sector de seguridad, sino que haya optado por depender cada vez más de actores internacionales que condicionan la soberanía del país. La relación de sumisión con Trump, lejos de fortalecer la posición de Ecuador, socava su autonomía política y expone al país a posibles consecuencias indeseadas a largo plazo. En lugar de buscar soluciones rápidas que, aunque necesarias en el corto plazo, no resuelven los problemas estructurales, Ecuador necesita una estrategia de seguridad que sea genuinamente propia, basada en sus realidades y en el fortalecimiento de sus instituciones.
El gobierno de Noboa debe reflexionar seriamente sobre la dependencia creciente de EE.UU. y otras potencias extranjeras. Si bien la ayuda externa puede ser útil en algunos casos, es fundamental que Ecuador tome las riendas de su seguridad y trabaje por una solución que, a largo plazo, garantice la paz, la justicia y la estabilidad interna sin depender de intereses externos.
Foto: El Ciudadano
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