El secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, insistió este jueves en Bruselas que Estados Unidos continuará siendo parte de la OTAN, pero hizo un llamado a los aliados de la Alianza para que aumenten significativamente sus contribuciones a la defensa, hasta alcanzar un 5% de su Producto Interno Bruto (PIB). Las declaraciones de Rubio, realizadas en el marco de una reunión de ministros de Exteriores de la OTAN, han generado controversia, pues se perciben como una presión sobre los miembros para que asuman un mayor esfuerzo económico en un contexto global ya de por sí desafiante.
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A pesar de las dudas que algunos medios internacionales han expresado sobre la permanencia de EE. UU. en la Alianza, Rubio afirmó que las especulaciones eran infundadas y que el presidente Donald Trump apoya firmemente la OTAN. Sin embargo, insistió en que los países miembros, especialmente las economías avanzadas de Europa, deben aumentar su gasto en defensa para hacer frente a las crecientes amenazas globales.
Actualmente, EE. UU. invierte el 3.38% de su PIB en defensa, una cifra considerablemente más alta que la de otros miembros de la OTAN, lo que ha generado un debate sobre la equidad y la carga financiera que debería asumir cada país de acuerdo con sus capacidades económicas.
Rubio subrayó que si las amenazas a la seguridad global, como la agresión rusa o la expansión de China, son tan graves como se afirma, los aliados deben comprometerse a aumentar sus inversiones en defensa. Sin embargo, el llamado de EE. UU. plantea preguntas sobre la responsabilidad compartida en la Alianza. A pesar de que se exige un mayor esfuerzo económico, la capacidad de los países para destinar más recursos a la defensa es diversa, y muchos enfrentan desafíos internos, como la financiación de programas sociales y la atención de sus propias necesidades de seguridad.
Este enfoque pone en evidencia una contradicción dentro de la OTAN: mientras algunos países como EE. UU. y Reino Unido están dispuestos a aumentar sus inversiones, otros países miembros, especialmente aquellos con economías más débiles, enfrentan una difícil decisión entre priorizar la defensa o la estabilidad interna.
El secretario general de la OTAN, Mark Rutte, por su parte, rechazó las propuestas de cambiar la forma en que se mide el gasto en defensa, particularmente aquellas que sugieren que la vigilancia de fronteras o la lucha contra el terrorismo deberían ser consideradas parte del gasto militar. En este contexto, España, que ha mostrado un compromiso con alcanzar el 2% de su PIB en defensa antes de la fecha prevista, se ha unido a otros países en discutir cómo redefinir estas métricas para reflejar las amenazas del siglo XXI. Sin embargo, Rutte fue claro al señalar que la OTAN no tiene intención de modificar sus criterios, lo que ha generado preocupación en algunos sectores que consideran que la actual definición no refleja de manera adecuada las realidades de la seguridad global moderna.
A pesar de los esfuerzos por ajustar las métricas, los países de la OTAN siguen divididos sobre cómo abordar el gasto en defensa de manera justa y eficiente. Mientras que algunos países como España han avanzado hacia el cumplimiento del objetivo del 2%, otros se resisten a un aumento más agresivo debido a las dificultades económicas y políticas internas.
EE. UU. ha ejercido una presión constante sobre sus aliados europeos para que igualen sus niveles de gasto en defensa. La expectativa de que Europa iguale el esfuerzo estadounidense en un momento en que las «amenazas externas», como Rusia, China e Irán, parecen aumentar, ha colocado a la OTAN en una encrucijada. La Alianza se enfrenta al desafío de equilibrar las necesidades de defensa con las realidades económicas y políticas de sus miembros.
Algunos analistas sugieren que la presión de EE. UU. por aumentar el gasto podría provocar tensiones dentro de la Alianza, especialmente en países con economías más pequeñas o con mayores necesidades sociales. Mientras tanto, la OTAN sigue trabajando en un proceso de planificación para alcanzar nuevos objetivos de gasto, pero los plazos son inciertos y las divergencias entre los miembros siguen siendo evidentes.
Foto: El Ciudadano
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