El secretario de Salud y Servicios Humanos, Robert F. Kennedy Jr., ha evitado proporcionar detalles sobre la reestructuración masiva de su departamento, un día después de que se anunciaran despidos que afectan a 10.000 trabajadores en diversas agencias de salud pública del país.
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El silencio de Kennedy ha provocado una reacción bipartidista en el Congreso, con legisladores tanto republicanos como demócratas exigiendo respuestas. Un comité del Senado ha solicitado su comparecencia la próxima semana para explicar la decisión y sus implicaciones.
Los recortes han afectado a una amplia gama de profesionales, incluidos científicos, médicos e inspectores. Aunque la agencia no ha revelado información específica sobre los despidos, los informes de empleados despedidos sugieren que algunas oficinas han quedado completamente vacías. Entre las áreas más afectadas se encuentran la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y los Institutos Nacionales de Salud (NIH), con un total de más de 7.000 empleos eliminados en estas tres instituciones clave.
Kennedy defendió la medida en redes sociales, afirmando que busca «realinear el HHS con su misión principal: detener la epidemia de enfermedades crónicas y hacer que Estados Unidos esté sano otra vez». Según el departamento, los recortes generarán un ahorro de 1.800 millones de dólares dentro de un presupuesto anual de 1,7 billones de dólares.
El impacto de estos recortes ha generado preocupación en el ámbito de la salud pública, especialmente en lo que respecta a la seguridad alimentaria, la regulación de medicamentos y la investigación médica. La representante republicana Diana Harshbarger y el senador Bernie Sanders han solicitado aclaraciones sobre los criterios utilizados para determinar qué empleos fueron eliminados y qué funciones fueron preservadas.
Por su parte, Calley Means, asesor de Kennedy en la Casa Blanca, defendió la decisión, aunque tuvo dificultades para explicar la reducción de personal. Sus declaraciones fueron recibidas con escepticismo y abucheos, especialmente cuando se le cuestionó sobre cómo el NIH podría continuar con sus investigaciones con menos personal y sin fondos suficientes.
A medida que crece la incertidumbre sobre el futuro del HHS, se espera que Kennedy enfrente un intenso escrutinio en su comparecencia ante el Senado, donde deberá justificar los despidos masivos y sus consecuencias para la salud pública del país.
Foto: Redes
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