La Familia Real Británica mantiene inmensa riqueza a expensas del pueblo: The Sunday Times

Uno de los derechos que mantiene el príncipe William es la “bona vacantia”, una prerrogativa feudal que le permite reclamar propiedades de personas fallecidas sin herederos

La Familia Real Británica mantiene inmensa riqueza a expensas del pueblo: The Sunday Times

Autor: El Ciudadano México

La reciente investigación conjunta de The Sunday Times y Channel 4 ha desvelado un aspecto poco comentado de la riqueza de la familia real británica, revelando las impresionantes ganancias del rey Carlos III y su hijo, el príncipe William. A pesar de la opaca gestión de los bienes de la monarquía, los detalles expuestos en este informe dejan claro que, a pesar de los tiempos modernos, los privilegios feudales que la Corona conserva siguen permitiendo la acumulación de una fortuna privada que desafía cualquier noción de justicia social.

Véase también: Jamaica se encamina hacia la República: debates en torno a la ruptura con la monarquía británica

La riqueza de la familia real no es fruto de un esfuerzo reciente ni de la modernización de sus activos, sino que tiene raíces profundamente históricas. Los ducados de Lancaster y Cornualles, que abarcan más de 180.000 acres de tierras, pertenecen a la monarquía desde los siglos XI y XII, cuando fueron tomadas por la Corona tras la invasión normanda. Estos activos, que fueron cedidos al Tesoro en el siglo XVIII, han sido cuidadosamente mantenidos por los monarcas y sus herederos, garantizando un flujo constante de ingresos que parece inagotable. La cifra de 5.410 propiedades que componen este patrimonio resulta abrumadora, pero lo más alarmante es cómo estas tierras, arrendadas a organismos del Estado o utilizadas para generar ingresos de todo tipo, siguen beneficiando a los monarcas sin que haya una verdadera transparencia sobre el origen de estos beneficios.

Mientras el rey Carlos III y el príncipe William mantienen el control absoluto de estas propiedades, son los ciudadanos británicos quienes sostienen el peso de una monarquía que sigue recibiendo recursos públicos, a través de la subvención soberana, para financiar gastos como el mantenimiento de palacios y el cumplimiento de funciones oficiales. Esto plantea una pregunta incómoda: ¿es ético que una institución ancestral que se beneficia de derechos feudales millonarios dependa aún de las arcas del Estado para cubrir sus gastos de representación?

Lo más desconcertante es la falta de exigencia de impuestos sobre los ingresos derivados de estos ducados. Aunque el monarca y su heredero pagan impuestos voluntariamente, no están obligados por ley a hacerlo. La diferencia entre los ingresos personales de Carlos III, que ascienden a decenas de millones de libras, y la carga fiscal del resto de la población británica, que soporta tasas mucho más altas, subraya una realidad inquietante: la monarquía sigue disfrutando de un régimen de privilegios que, en términos fiscales, es completamente diferente al de cualquier ciudadano común.

Además, uno de los derechos más controversiales que aún mantiene el príncipe William es la “bona vacantia”, una prerrogativa feudal que le permite reclamar propiedades de personas fallecidas sin herederos. Este derecho, que se remonta a la Edad Media, sigue vigente y proporciona un flujo de riqueza adicional que el príncipe puede utilizar como desee, muchas veces en favor de causas benéficas, pero también como una vía para perpetuar aún más su fortuna privada.

Otro aspecto preocupante es el vínculo entre las organizaciones benéficas y la familia real. Aunque es loable que algunas de estas instituciones sean patrocinadas por los monarcas, no deja de ser inquietante que organizaciones de renombre, como Macmillan Cancer Support y Marie Curie, paguen alquileres por propiedades del ducado, mientras que al mismo tiempo son mecenas de la propia familia real. Esto levanta interrogantes sobre la relación de poder entre la monarquía y las entidades benéficas, y si esta situación podría ser vista como una forma de perpetuar su estatus y riqueza a través de la generosidad pública.

Este sistema económico, que parece una mezcla de rentas feudales y privilegios modernos, sigue siendo un indicio claro de que la monarquía británica no ha logrado desprenderse de las estructuras de poder y riqueza heredadas que han existido durante siglos. Mientras la sociedad británica lidia con desigualdades económicas cada vez más profundas, la familia real continúa disfrutando de una riqueza que no solo proviene de su historia, sino también de mecanismos que parecen diseñados para asegurar su perpetuación en el poder.

La investigación, no solo ilumina una fortuna colosal, sino que pone de relieve una estructura económica que permite que unos pocos continúen beneficiándose de activos históricos que no solo son propiedad de la familia real, sino que en muchos casos deberían formar parte de un patrimonio común. En una época donde la equidad y la justicia social deberían ser las bases de cualquier sociedad moderna, resulta difícil justificar que una institución basada en principios feudales siga siendo tan relevante, poderosa y lucrativa como lo es la monarquía británica.

Foto: El Ciudadano

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