“A las personas discapacitadas todo el mundo les niega su sexualidad. Hay que pensar que hay personas a las que nadie se folla y nosotros podemos proveerles de lo que nadie les da y que es, sobre todo, cariño”. Así de crudo lo resume Dyon, el chico griego con quien Carmen vivió su primera asistencia.
La sexualidad de muchas personas con discapacidades físicas o psíquicas severas no es más que un vacío. «Mucha gente, en especial los familiares, prefieren no hablar del tema, hacer como que no existe», señala Dyon, que aún lo sirve más frío. “Recuerdo que nos llegó el caso de un chico que venía de una familia muy tradicional, muy estricta, del tipo que jamás hablarían de sexo y menos con un hijo con discapacidad. El chico estaba despertando sexualmente y contra el silencio que recibía, decidió aparecer en el salón de su casa, el día de su cumpleaños, semidesnudo, para mostrarle a todos que tenía una erección”.
Al sitio que Dyon dice que llegó este chico es Tandem Team, una asociación sin ánimo de lucro que se dedica a facilitar el contacto entre personas discapacitadas y asistentes sexuales. Este proyecto, pionero en España, nació a finales de 2013 en Barcelona, de la mano de Francesc Granja, terapeuta emocional y tetrapléjico por un accidente de coche a los 32 años, y María Clemente, psicóloga especialista en neurorrehabilitación. Francesc descubrió tras su accidente que no todo el sexo era genitalidad. Escribió un libro sobre discapacidad y sexualidad, viajó al norte de Europa a investigar y tuvo su primera experiencia con la asistencia. «A partir de ahí, María y yo pensamos en montar algo para ofrecer el servicio aquí y cubrir una necesidad que estaba latente«. En 2014 pusieron la web en marcha y comenzaron a llegar los usuarios.
Uno de ellos fue Antonio, de 42 años, con distrofia muscular degenerativa. Pasó la adolescencia “aislado y muy mal psicológicamente, sin amigos ni pareja”. En el médico se le preparaba diciéndole que iba tener una vida diferente, «pero desde luego no se me hablaba de vida diferente en sentimientos, emociones y necesidades. Luego fui creciendo y me fui encontrando con ellas”.
A los 18 años acudió por primera vez a la prostitución para obtener el placer físico que no conseguía de otra forma. “Pero con los años dejó de satisfacerme, sobre todo emocionalmente”. En 2004, en plena treintena, Antonio se quedó en silla de ruedas y si todo se le complicó, el sexo aún más. Buscando alternativas topó con Tandem Team. «Al principio no entendía muy bien qué era. Pensaba que podía ser un servicio más -de prostitución- hasta que concertamos una entrevista y descubrí algo totalmente distinto».
El contacto de Antonio con Tandem se gestó como la mayoría de primeros acercamientos. «Suelen llegar llenos de dudas, de miedos. Nos envían un mail, luego quizás nos llaman. Depende también de si son personas que han tenido experiencias sexuales previas o no», explica Francesc Granja.
Una vez rota la primera barrera, Tandem inicia su procedimiento. Se realiza una entrevista con el futuro usuario, (o varias), para conocerle en profundidad y poder ponerle en contacto con el asistente que tenga el perfil más adecuado a sus circunstancias. «Actuamos como cualquier web de contactos, pero no nos quedamos solo en eso, sino que acompañamos y asesoramos en todo lo que puedan necesitar».
En su modelo, inspirado en el Surrogate Partners propuesto por los investigadores norteamericanos, Masters y Johnson, la selección de asistentes es muy rigurosa. «No vale cualquiera», cuenta Francesc, «deben tener incorporado el trato con la discapacidad. Deben ser personas que estén acostumbradas a ver un cuerpo inmóvil, un cuerpo que babea, un cuerpo con una sonda; que sepan reaccionar ante imprevistos… Y diría más, diría que les debe parecer atractivo, que les debe gustar. Deben estar abiertos no solo a ser deseados, sino a desear».
“Las relaciones con un asistente no tienen nada que ver con lo que yo había vivido del sexo”, cuenta Antonio. “En la prostitución es todo genitalidad, y en estas relaciones hay cariño, hay emociones, un bienestar emocional, casi espiritual diría”.
«Tandem nos tiene muy perfilados, nos conocen a todos muy bien. Pero también a los usuarios, de los que sabemos el nivel educativo, la procedencia familiar, los traumas, las peculiaridades de su enfermedad…» Dyon es una de esas personas especiales. Cuenta que tenía en la cabeza dedicarse a la asistencia sexual desde los 15 años. Había leído sobre una chica que lo hacía y, con el tiempo, se especializó y actuó como sanador sexual tántrico, hasta que hace cinco años se sumó al equipo de asistentes sexuales de la asociación. «Si un asistente no es capaz de dar amor, de conectar, no puede dedicarse a esto. Tiene que ser algo de dar y recibir, no puede hacerse por caridad«.
La del asistente sexual es una figura compleja, a medio camino entre el ayudante, el amante, el amigo y el confidente, aunque a muchos no termina de cuadrarles fuera de la idea de prostitución al uso. «Hay gente que intenta hacer daño, que solo quieren hablar de prostitución y se acabó», se queja Charo. Tanto ella como Francesc son partidarios de que un primer paso para normalizar la figura podría ser cambiar el nombre por el de acompañamiento íntimo y erótico. «La palabra acompañante significa más compartir que asistir», defiende Charo.
Aspasia Canarias es una asociación especializada en casos de personas tutorizadas e institucionalizadas. Su fundadora, Elizabeth Cuni, trasladó la fórmula de Tandem Team al universo más específico de la discapacidad psíquica y se centró en abrir, y abrirse, a las instituciones públicas y privadas que les atienden y que “no están preparadas para afrontar la sexualidad de sus internos”.
Elizabeth narra como en algunos centros mentales, la manera de lidiar con la sexualidad es montar a los internos en un autobús y llevarlos a una casa de citascon la que hayan llegado a un arreglo. Los enfermeros les acompañan hasta la puerta y desde allí que las chicas se apañen con ellos. Pasado el tiempo pactado los recogen, autobús y de vuelta al centro. «Esto se hace. Y se hace porque no hay opciones», y continua, «conocemos casos de instituciones, públicas y privadas, en que personas brillantes y lúcidas, con discapacidades físicas, están vigilados o incluso atados a la cama, para controlar sus pulsiones sexuales”.
Aspasia ha desarrollado un abanico muy variado para acercar la sexualidad a sus usuarios. «Proponemos talleres, coloquios, organizamos juegos con roles que repartimos entre los participantes…» Y no se olvidan de las familias, «que en la mayoría de los casos han tenido que pasar por mucho. Desde madres que se han visto en la tesitura de tener que masturbar a sus hijos, hasta padres que no tienen más remedio que llevarlos a prostíbulos y que vuelven con la frustración dibujada en el rostro; porque las prostitutas pueden ser buenas en el sexo, pero no tienen por qué saber manejar la situación de personas con discapacidad».